Auriel

Auriel

Auriel es una bodega del Monferrato que produce vinos sinceros y con un rostro típicamente territorial, con las variedades autóctonas locales de uva tinta, en particular Barbera y Grignolino. Los viñedos cubren aproximadamente 3 hectáreas, a una altitud de 350 metros sobre el nivel del mar, con exposición sur, suroeste, en suelos de matriz calcáreo-arcillosa, y se gestionan con el máximo respeto por la naturaleza y la biodiversidad ambiental, aplicando los principios de la agricultura biológica y del Método Biodinámico Moderno, basado en un desarrollo y una evolución de los fundamentos de Rudolf Steiner. Se trata de un enfoque que prevé el uso de bajas cantidades de azufre y cobre, de la cubierta vegetal de los surcos sembrando múltiples variedades de hierbas, el uso de preparados biodinámicos y la renuncia al riego para empujar a las vides a descender en profundidad con las raíces en busca de agua y nutrientes.
Auriel fue fundada en 2005 por Felice Cappa y su esposa Marta Peloso, con el deseo de realizar un proyecto de viticultura sostenible y natural, en armonía con el contexto ambiental de las magníficas colinas del Monferrato. Auriel es el nombre del arcángel que advirtió a Noé de la proximidad del Diluvio Universal, símbolo bíblico de la capacidad intuitiva de interpretar las señales de la naturaleza, gracias a una privilegiada relación sensorial con las fuerzas primordiales del universo.
Auriel está sobre todo concentrada en la gestión del viñedo, con la intención de producir uvas sanas y genuinas de plantas vitales y en natural equilibrio productivo y vegetativo. El trabajo en la bodega se lleva a cabo con vinificaciones muy respetuosas de una materia prima de excepcional calidad, de modo que se favorezca la transformación de la uva en vino sin utilizar levaduras seleccionadas, control de temperaturas, aditivos enológicos o tratamientos físicos de filtración. La separación de los sedimentos se realiza solo por decantación natural y trasiego. Los vinos se afinan sobre las lías finas, de modo que se enriquezcan de estructura y de sustancias naturalmente protectoras. Se embotellan con una dosis bajísima de sulfitos, muy por debajo de los límites permitidos por la normativa biológica, precisamente para garantizar la integridad natural y la salubridad.

 

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