Château Musar es la bodega libanesa más famosa e importante. Fue creada en 1930 por Gaston Hochar, con el deseo de fusionar las antiguas tradiciones de la viticultura local, que se remontan a 6.000 años atrás, con los conocimientos y experiencias adquiridos durante sus viajes a Burdeos. El vínculo con la región bordelesa se fortaleció durante la década de 1920, cuando el Líbano estaba bajo mandato francés. Posteriormente, Ronald Barton, de Château Langoa-Barton, formó parte del contingente militar estacionado en el Líbano durante la Segunda Guerra Mundial. Como amante de los grandes vinos, se hizo amigo de Gaston Hochar y comenzó a apreciar la producción de Château Musar, reforzando el vínculo original con Burdeos.
Las relaciones con la legendaria región del suroeste de Francia se fortalecieron gracias a Serge Hochar, hijo de Gaston, quien siguió las lecciones de Emile Peynaud en la Universidad de Enología de Burdeos. Al regresar a su país, Serge se convirtió en enólogo de la bodega familiar con el deseo de comenzar a producir grandes vinos, capaces de competir con las mejores excelencias a nivel mundial. Los éxitos no tardaron y ya en la década de 1980, la crítica internacional comenzó a alabar a Château Musar. A pesar de las complicadas vicisitudes políticas y militares que han marcado durante décadas la vida del Líbano, y que aún la condicionan fuertemente, la bodega es conocida y apreciada en todo el mundo, gracias a una producción de alta gama, que nada tiene que envidiar a la proveniente de terroirs más famosos y cotizados.
Los orígenes de la viticultura libanesa se remontan a los fenicios, que fueron de los primeros en domesticar y cultivar la vitis vinifera, en producir vino y en comercializarlo a lo largo de las rutas del mar Mediterráneo. El Valle de la Beka'a representa una de las zonas más antiguas donde se ha plantado la vid y un símbolo de un lugar ya legendario. En continuidad con esta tradición, hoy Château Musar gestiona una finca de 220 hectáreas situadas en su mayoría en el Valle de la Beka'a, delimitada por dos altas cadenas montañosas paralelas a la costa. Los viñedos se encuentran a una altitud de alrededor de 1.000 metros y disfrutan de un clima fresco y ventilado, además de una excelente insolación. La gestión agronómica es biológica, certificada desde 2006. Todas las cosechas se realizan manualmente y las fermentaciones se llevan a cabo de manera espontánea con levaduras autóctonas. Los vinos son una expresión auténtica de un gran terroir.