El Domaine Fourrier se encuentra en Gevrey-Chambertin, un pequeño y legendario pueblo en el corazón de la Côte de Nuits, situado entre Fixin y Morey-Saint-Denis. Sus orígenes se remontan a los años 30, época en la que Fernand Pernot creó una pequeña finca, en uno de los terroirs más prestigiosos de toda Borgoña. El pequeño domaine familiar ha pasado de generación en generación, hasta asumir la denominación actual de Domaine Fourrier. Actualmente, la superficie total de la finca se extiende por una decena de hectáreas, divididas en numerosas parcelas, que se encuentran en los preciados crus situados en los territorios municipales de Gevrey-Chambertin, Chambolle-Musigny y Morey-St.-Denis. Gracias a un profundo conocimiento del territorio y a una extraordinaria cultura en el campo de la vinificación y el afinamiento, el Domaine Fourrier es capaz de producir vinos de excelente nivel cualitativo.
La zona de Gevrey-Chambertin es una de las más famosas de Borgoña. Las viñas se encuentran a una altitud comprendida entre los 280 y 380 metros sobre el nivel del mar, con exposición orientada al este y sureste. Los prestigiosos Premier Cru ocupan la franja más alta de la Côte, mejor expuesta al sol y más ventilada, que garantiza siempre una excelente maduración de las uvas. Los terrenos son de predominante matriz calcáreo-arcillosa, caracterizados por la presencia de calizas oscuras en las zonas más altas y margas con limo y fósiles marinos en las áreas más bajas. Las particulares condiciones pedoclimáticas del territorio se han revelado siempre perfectas para el cultivo del Pinot Noir, que en Gevrey-Chambertin se expresa con particular fineza y elegancia.
La personalidad del Pinot Noir de Gevrey-Chambertin es la síntesis de la secular interacción entre una variedad de gran nobleza y suelos preciados. El Domaine Fourrier cultiva sus viñas en armonía con la naturaleza, buscando preservar la fertilidad de los terrenos y la biodiversidad entre las hileras, de modo que pueda llevar a la vendimia uvas sanas, genuinas y ricas en aromas. Los procesos de vinificación son aún hoy seguido con cuidado artesanal, buscando intervenir lo menos posible, gracias a una enología ligera y muy respetuosa de la materia prima. Los afinamientos se llevan a cabo con el uso de barricas de roble, según las antiguas costumbres de la región.