La bodega ligur Santa Caterina representa un modelo virtuoso de artesanía y sostenibilidad que, abrazando la visión holística biodinámica, da origen a vinos ricos en encanto. El nacimiento oficial de la finca data de finales de los años 80, cuando Andrea Kihlgren decidió adquirir los terrenos de la familia materna, los Picedi Benettini, en las colinas de Sarzana, en Lunigiana. Andrea desde el principio dio un nuevo enfoque a la propiedad, hasta entonces dividida en fincas autónomas llevadas a cabo en arrendamiento, eligiendo con cuidado los terrenos más adecuados para las diferentes variedades de uva cultivadas. Tres son las pequeñas fincas donde se ubica la finca: una en la colina homónima de Santa Caterina, a las puertas de Sarzana, y las otras dos, que llevan los nombres de Giuncàro y Ghiarétolo, más cercanas al mar. Todas las instalaciones están situadas en terrazas y, según la tradición ligur, además del cultivo de la vid, la bodega se dedica a la olivicultura.
Las 8 hectáreas de viñedos disponibles para la finca ligur Santa Caterina están reservadas para las variedades de uva Albarola, Ciliegiolo, Sangiovese, Sauvignon Blanc, Merlot, Canaiolo, localmente llamado Merla, y, sobre todo, Vermentino. Todas estas variedades se cultivan siguiendo los dictados de la agricultura biológica y de la biodinámica en suelos de origen aluvial, compuestos de arcillas rojas, arena o grava dependiendo de la parcela de referencia. Los racimos se recogen completamente a mano y se trabajan en la bodega según un enfoque enológico minimalista, basado en la exclusión de correcciones y manipulaciones, favoreciendo más bien los procesos espontáneos de transformación para resaltar el terroir. Según esta visión, las fermentaciones están confiadas únicamente a la intervención de las levaduras autóctonas y como recipientes para las vinificaciones y los envejecimientos se adoptan materiales bastante inertes, como tanques de acero inoxidable, ánforas de gres y viejos tonneau de 350 litros que ya no pueden aportar ningún aroma al vino.
Con estos presupuestos, la bodega Santa Caterina se convierte en protagonista de una producción artesanal que da a luz vinos finos y auténticos, verdaderas poesías líquidas.