A pocos kilómetros de la ciudad de Siena, continuando hacia el este en dirección a Arezzo, se encuentra el pequeño pueblo de Castelnuovo Berardenga. Un pueblito del interior toscano, rico en encanto, cultura e historia, enclavado entre las últimas suaves colinas del Chianti Classico y el río Arbia, cubierto de antiguas mansiones señoriales, nobles castillos y enmarcado por extraordinarios viñedos y olivos centenarios. Justo aquí, en el lado más oriental, Bruno Bolfo, locamente enamorado de la antigua historia de Toscana, decidió en 1980 dar vida al proyecto Vallepicciola, comenzando con pocas hectáreas y un viejo convento.
Hoy la bodega Vallepicciola ha dado pasos de gigante y cuenta con una superficie de 265 hectáreas, de las cuales 65 están dedicadas a la viticultura, que se convertirán en 100 con las nuevas plantaciones. El Sangiovese es el rey de la zona, acompañado de los clásicos internacionales como Cabernet, Pinot Nero, Petit Verdot y Chardonnay, que se han adaptado perfectamente a estas nobles tierras. La bodega fue diseñada por la arquitecta Margherita Gozzi y es un hermoso modelo de ecosostenibilidad. De hecho, está enterrada en una cuenca natural y fue diseñada con gran respeto ambiental. Los 6000 m² de la estructura se desarrollan en tres plantas, de las cuales dos están subterráneas y dedicadas exclusivamente a las fases de vinificación, afinamiento y almacenamiento. La única porción sobre el suelo está destinada a recepciones y funciones más comerciales. Sin embargo, lo que fascina y nos invita a conocer esta realidad es la calidad de los vinos producidos, siempre sorprendente y extraordinaria.
Con un mosaico territorial tan vasto, que alternan suelos de arcillas, margas, tobas, arenas y areniscas, está claro que hay una variabilidad increíble, capaz de regalar vinos con matices todos diferentes entre sí. La diferente exposición, la morfología del territorio y el prestigioso terroir chiantigiano constituyen los ingredientes principales para dar a luz etiquetas de carácter único y especial. La conducción enológica se apoya en las más modernas tecnologías y en el valioso asesoramiento técnico del enólogo Riccardo Cottarella.Los envejecimientos se realizan principalmente en madera en las zonas más profundas de la finca.
Los vinos de Vallepicciola respiran y saben a Toscana. Están concebidos por esa intrínseca relación hombre-naturaleza y, aún más, por ese rompecabezas nacido de la fusión de los elementos del territorio: castillos, pueblos y viñedos. La colección cuenta con tres líneas para el Chianti: Classico, Gran Selezione y Riserva. Además, se suman tintos a base de variedades bordelesas como el Pievasciata y el Quercegrosse y blancos de alcance internacional. Muy interesante también el logo de la finca que muestra el rostro descompuesto del Rey Berardo. La leyenda cuenta que el rey, tras años de conquistas, llegó a caballo a Toscana en busca de una nueva tierra para conquistar. Cansado y abatido, encontró refugio en una bodega de VallePicciola. Los habitantes le ofrecieron una copa de su mejor vino y al primer sorbo su barba se erizó, al segundo sorbo un ojo se volvió piadoso y al tercero se inclinó. El rey quedó tan fascinado por ese vino que decidió fundar en esas tierras su residencia real. En resumen, entre leyenda, modernidad y tradición nacen las prestigiosas etiquetas de Vallepicciola.